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La verdadera historia de Caesar Flickerman

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La verdadera historia de Caesar Flickerman

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 03, 2013 8:05 pm

-Tengo algo que contarte.-me dice entre sollozos. No me gusta verla así. Siento un nudo en el estómago.

-Tranquila, tranquila.-la abrazo.-Cuéntame que ha pasado.-le dedico una sonrisa tierna, de las que a ella le gusta. Le seco las lágrimas de sus ojos color mar.

-Hoy, en la plaza, se han encontrado a una avox con un niño de unos cinco años. Un guardia la ha visto y le ha gritado. El niño estaba llorando. El agente iba a llevárselo, pero la avox se ha puesto entre los dos, negando entre lágrimas... sin poder hablar... El agente la ha azotado hasta matarla. Iba a ensañarse con el niño y... no he podido evitarlo.-solloza. La abrazo mas fuerte.- He ido a proteger al niño y el agente me ha... me ha...

-¿Te ha que Mari?.-la cojo por los hombros. Estoy aterrado por la historia. Eso no le pasará por alto a Snow.

-Me ha dado un latigazo.-Me enseña una herida en el costado.

-Dios mío Mari...-la cojo en brazos con cuidado.- Ven, voy a curarte.-la llevo a mi habitación y le aplico varias cremas. Cuando termino, la acuesto en mi cama.

-Caesar... Era solo un niño..-susurra entre lágrimas.-No he podido evitarlo...

-Shhh tranquila.-le acaricio el pelo.- Era el hijo de una avox, de una traidora.-beso su mano y me tumbo con ella.

-Pero aún así, era un niño...-murmura quedándose dormida por los efectos de la morflina que le he inyectado.

Me incorporo y paso las manos por el pelo. Todos saben que defender a un avox se castiga con la muerte, puesto que defiendes a un traidor. Lloro en silencio al pensar en ello. No quiero perderla...

La observo dormir. Esa criatura rebosa bondad. Bondad que la llevará a la tumba. Beso sus labios y me tumbo de nuevo junto a ella. La abrazo y apoyo mi cabeza sobre la suya, protegiéndola. Aunque sé que no va a servir de nada...

…........................

-¡Abran la puerta!.-se oye fuera. Me levanto y voy hacia la puerta. La vuelven a golpear. Abro y veo que son Agentes de la Paz. El corazón se me encoje.

-¿Que desean señores?.-digo arrascándome la nuca.

-Venimos a por Marilyn Jhonson. Se la acusa de defender a una traidora.-dice uno de los agentes.

-Aquí no hay ninguna...-pero antes de que termine entran a la fuerza. Van a mi habitación y la sacan a rastras.- MARI NO.-grito. Le pego un puñetazo al que la lleva.

-¡Caesar no!.-dice ella.- Por favor, no hagas nada, pueden matarte.

-NO ME LA PODEIS ARREBATAR.-digo con furia. Dos agentes me sujetan y un tercero me pega un puñetazo en el estómago. Me falta el aire.- No... Mari...

-Caesar, te amo.-dice mientras la sacan a rastras.- Siempre lo haré. No te olvides de mi.-se la llevan y cierran la puerta.

Noto mi alma desgarrada y grito con furia. Destrozo todo lo que hay a mi alrededor, dejando que la ira me domine. Cuando no hay nada, cojo la chaqueta y salgo hacia la Residencia del presidente.

…..........................


-¿Que desea?

-Quiero hablar con el presidente.

-El presidente está ocupado.-el criado cierra la puerta. Doy un golpe en ella.

-Es urgente.-digo con furia. El hombre me mira y asiente asustado. Me guía a su despacho y llama a la puerta. Se escucha un “adelante” amortiguado.

Entro y voy directo a la mesa. Snow está firmando varios documentos. Me siento enfrente suya.

-Mas le vale que sea urgente si no quiere que le corte la lengua.-dice sin quitar la vista del papel.

-Suéltela.-digo conteniendo la rabia.

-¿A quien?

-Marilyn Jhonson.-digo. Me mira y se quita las gafas. Sonríe.

-Vaya, ¿la defensora de los avox?.-rie.-Lo siento, será castigada, como dice la ley.

-No...-me falla la voz.- Por favor... Haré lo que sea...

Junta las manos y me mira con cierto interés.

-¿Lo que sea?.-asiento.- Bien, ¿que le parece su vida por la tuya joven?

Trago saliva y vuelvo a asentir.

-De acuerdo. Lo que sea para que viva.-El presidente ríe.

-Bien, trato hecho, señor...

-Flickerman... Caesar Flickerman.- Hace un movimiento con la mano y dos guardias me apresan. Me sacan de la habitación y me encierran en una celda oscura. Ahora sólo queda esperar mi muerte...

...........................

No se cuánto tiempo habré pasado en esa celda. ¿Dias? ¿Semanas? El hambre y la sed hacen acto de presencia. Me acerco a la puerta y pego la oreja pero no se escucha nada. Silencio...

De repente, ésta se abre y dos agentes me llevan a rastras. ¿Habrá llegado mi hora? Me sientan en una silla. Delante aparece una mesa con suculentos manjares y agua. Bebo y como con ansia. Mi estómago ruge satisfecho.

-Veo que estar encerrado hace que pierda las formas, señor Flickerman.-dice una voz a mis espaldas. Me doy la vuelta y veo a Snow. Trago la comida.

-¿Que habéis hecho con ella?.-pregunto

-Tranquilo, ella está bien.-se sienta a mi lado.- Vengo ha hablarle del trato que hicimos hace unos días.-sonríe.

-¿Vais a ejecutarme?.-digo serio.

-No, por suerte para usted.-Huele una rosa blanca de su pechera.- Se va a convertir en una estrella.

Dejo que sus palabras calen en mi.

-¿En... una estrella?

-Si, de la televisión.-se levanta y da vueltas.- Va a ser querido por todo Panem. Verá, necesitamos que alguien haga de maestro de ceremonias en los Juegos del Hambre.

-¿Y si me niego?.-digo furioso. No voy a permitir presentar un espectáculo sanguinario. Snow me mira y rie.

-Ella morirá

Así que eso es lo que busca. Suspiro y miro mi plato de comida. Aprieto los puños sobre la mesa.

-Lo haré.-susurro.

-Bien.-Snow saca un papel de la chaqueta.- Firme aquí, es su contrato.-Me tiende un bolígrafo. Lo cojo con furia y firmo.- Estupendo, señor Flickerman, un agente le acompañará a sus aposentos.-Se marcha guardando el contrato firmado. Un agente me empuja bruscamente y me lleva a una habitación mas o menos grande, con vistas a la plaza centras del Capitolio.

Me quedo solo en la habitación. Me tumbo en la mullida cama y respiro hondo. Mi siguiente paso será buscar a Mari... Pero ¿dónde? No tengo ni idea de dónde puede estar.

Oigo la puerta abrirse. Será el avox que se encarga de reponer las toallas. Me giro para verlo y me quedo de piedra. El corazón se me para y las lágrimas caen por mis mejillas de golpe.

La han convertido en un avox. En mi avox personal...

Varios meses después

-Asi que... tenemos dos vencedores.-Snow se pasea por el despacho. Séneca Crane lo sigue con la mirada tenso. Yo miro al suelo.

-Así es señor.-murmura. Levanto la vista y veo que Snow me mira.

-Yo sólo informo señor.-susurro.- No he tenido nada que ver.

-Claro que si, querido Caesar.-me dice acercándose.-No directamente, pero si.-Su sonrisa es terrorífica. Trago saliva.-Puede irse, señor Flickerman. Quiero hablar a solas con Séneca...-Hago una reverencia y me voy lo mas rápido posible a mi habitación. Entro y veo a Mari preparando la cena.

-Mari... tengo miedo.-susurro. Ella me mira y baja la vista. Veo que hay una cámara.- Quiero que me ponga toallas limpias ahora.-digo entrando en el baño. Allí no hay ni cámaras ni micrófonos. Ella asiente y va al armario que hay al otro lado de la habitación. Entro y me siento en el inodoro con las manos en la cabeza. Al rato, noto que alguien me toca el hombro suavemente. Miro hacia arriba y la veo a ella. Sus ojos muestran preocupación. La abrazo con fuerza.

-Snow está enfadado por lo del par de vencedores de estos Juegos.-Digo acariciándole la mejilla. Ella asiente con tristeza.- Me ha culpado de lo que ha ocurrido... Tengo miedo de lo que pueda hacer...-suspiro. Ella sonríe un poco y me coge de la barbilla. Me mira a los ojos. Una sensación de paz me invade. Sonrío.

-Gracias...-le cojo la mano y se la beso. Luego paso a la nariz y luego a sus labios. Ella me abraza el cuello y me besa.-Te amo...

Sonríe mas y asiente. Le acaricio el cuello y noto cómo se estremece. Paso mi mano por sus hombros y su espalda. Ella cierra los ojos y suspira. Empieza a acariciar mi pecho. Me estremezco ante el contacto de su mano con mi piel. La vuelvo a besar, pero esta vez con un poco mas de fiereza. Las ganas de hacerla mía aumentan.

De repente se escuchan golpes. La abrazo protector.

-Tranquila, serán los de la televisión.-sonrío. Ella asiente y se esconde en un rincón Salgo y abro la puerta. Son dos guardias.

-¿Que desean?.-pregunto sonriendo falsamente.

-El presidente quiere hablar con usted a solas.-dice uno. Asiento.

-Espere un momento.-digo cerrando. Me dirijo al baño y vuelvo a abrazarla. Me mira con ojos interrogantes.

-Snow quiere verme.-digo besándola.-Tranquila, estaré bien.-le guiño un ojo y salgo de la habitación.

…...............................

-¿Me llamaba señor?

-Si, necesito que me haga un favor.-dice serio.

-El que quiera. Estoy a... su disposición.-digo inclinándome.

-Quiero que arregle como sea lo del par de vencedores. Aquí sólo puede haber uno. Si no, el pueblo verá que somos débiles y se rebelaran. ¿Lo entiende?.

Asiento.- Haré lo que pueda.

-Mas le vale.-se inclina hacia atrás.- La vida de ella depende de usted. Si lo hace bien, no tendrá que esconderse mas en el baño para besarla.-sonríe.

Me quedo de piedra.-¿Cómo sabe...

-Yo lo se todo...-me corta.- Y ahora retírese.

Hago una reverencia y salgo del despacho asustado...

….............................

-Buenas noches habitantes de Panem.-todo el mundo me aclama. Sonrío.- Menuda sorpresa la de estos Juegos.... ¡Dos vencedores! Es la primera vez que ocurre en toda la historia de Panem.-Todos aplauden.- Mañana, tendremos una entrevista especial con ellos. ¡¿Que les parece?!.-todos gritan y aplauden fuerte.- Bien. Pues mañana a las ocho de la tarde... ¡Entrevista a los amantes trágicos del 12!.-las luces se apagan y todos vitorean. Me seco el sudor. No he podido hacer nada. ¿Cómo iba a venderles al público que la noticia de los dos vencedores es falsa?. Bajo de escenario y me encuentro con Snow.

-Le dije que lo arreglara.-sisea.

-No he podido hacer nada, señor. El público está entusiasmado.

-Sufrirá las consecuencias.-se marcha. Trago saliva y voy a mi camerino. Me quito al peluca y el traje. Cuando acaban conmigo, voy a mi habitación.

Es extraño. Mari debería de estar allí preparando la cena... Pero no, hay otro avox. Me mira y señala mi habitación. Entro en ella y veo un cofre de oro. Lo cojo y lo abro. El estómago se me cierra.

-¡¿Pero que...-grito tirándolo al suelo. Se rompe y de él sale un corazón... humano. Al lado hay una nota y una rosa blanca.

“Le dije que sufriría las consecuencias” leo. Miro el corazón. Y todo empieza a encajar...

Lloro amargamente.- Mari...-susurro.- Por que...-sigo llorando. Lanzo un grito de furia. ¿Por qué ella y no yo? ¿Por qué acepté este estúpido trato? Ahora está muerta y yo... y yo... soy una marioneta de Snow... Mi odio se concentra hacia él y hacia la Chica en Llamas... Si no hubiera comido esas bayas, ahora ella estaría viva...

Me levanto del suelo y me miro al espejo.

-Me llamo Caesar Flickerman. A partir de ahora soy el nuevo maestro de ceremonias de los Juegos del Hambre.

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