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La nieta del Presidente

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La nieta del Presidente

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 03, 2013 8:11 pm

INFANCIA DE ROSE

Una niña pelirroja se acerca a su madre enseñándole un pequeño pájaro herido.

-Mamá, mamá mira.-le enseña la criaturilla.-Creo que tiene el ala rota.

-Tranquila pequeña...-le dice su madre sonriente.-Lo llevaremos a los curanderos para ver lo que pueden hacer con él-La mujer se levanta y conduce a la niña al interior de la Residencia.

-¿Crees que podrá volar de nuevo?.-pregunta la pequeña.

-Claro que si Rose. No te preocupes.-Llegan a la enfermería. La madre coge el pajarillo con cuidado y se lo da a uno de los curanderos. Éste se inclina y se marcha con el animal.-Luego volveremos para ver cómo está nuestro amiguito.-salen de la enfermería. Un agente las retiene por el camino.

-Señora Snow, su padre quiere verla.-dice inclinándose.

-De acuerdo, dile que ya voy.-le da un beso a la niña.-Volveré luego.-sonríe y acompaña al agente. La niña observa cómo su madre se aleja.

-¿Y ahora a que puedo jugar?.-suspira. Corretea por los pasillos buscando algo con qué entretenerse.

…..............................

De repente, se topa con una enorme puerta. La abre despacio y descubre una gran biblioteca.

-Vaya...-susurra admirando las estanterías llenas de libros. Coge uno al azar y lo abre. Hay varias ilustraciones de plantas y animales. Se sienta en una alfombra y observa las ilustraciones absorta.
El sonido de unas voces al otro lado de la puerta del fondo la sacan de sus ensoñaciones. Se acerca despacio y pega la oreja.

-¿Otro ataque? Padre te dije que dejaras al pueblo en paz.-escucha la voz de su madre.

-Yo con mi pueblo hago lo que vea correcto. Ha habido un levantamiento.-se estremece al escuchar la voz de su abuelo.

-¿Robar un trozo de pan es un levantamiento? Estoy cansada de que los trates así. Por mi te mataría ahora mismo.

-¿A si? ¿Y que piensas hacer?

-No lo se padre. Pero he perdido la paciencia.-silencio.-Que sepas que no te saldrás con la tuya...

-Claro que si. Yo siempre gano.-se escucha varios pasos de agentes.-lleváosla. Encerradla en la celda mas profunda que haya. Pensaré un castigo por rebeldia.

-¡No!.-grita la mujer.-¿Y mi hija? Como le toques un pelo...

-Tu hija estará bien. La educaré a mi manera y el dia de mañana gobernará sobre Panem como he hecho yo. Todo rastro de bondad que haya en ella desaparecerá. Será a mi imagen y semejanza.-rie.-Lleváosla.

La pequeña se queda de piedra. No ha entendido nada de lo que han dicho pero sabe que su madre está en peligro. Escucha pasos acercándose a la puerta y sale corriendo de allí.

-Rose, ¿que haces aquí?.-dice la voz de Snow a sus espaldas.

-Yo... estaba leyendo.-señala el libro que hace un momento acaba de coger.-Ya me iba...-Mira cómo su abuelo recoge el libro del suelo.

-Vamos a leerlo juntos.-dice autoritario.

-Pero...

-Sin rechistar.-se sienta en uno de los sillones. Se acerca a él y se sienta a su lado.- ¿Sabes leer niña?.-La pequeña niega con la cabeza.-Bien, comencemos pues.

Varios meses después

Todos están de luto. Una pequeña figura se acerca al ataúd abierto. Contempla a la mujer que yace en él. Le da un beso en la mejilla.

-Adiós mamá.-dice con los ojos hinchados.-Siempre te llevaré aquí.-señala su pecho. Deposita una rosa blanca entre sus manos. Un agente la guía para que vuelva a sus aposentos.

Cuando llega a su habitación, se tira en la cama y rompe a llorar en su peluche favorito. Una mujer que nunca habla se acerca a ella y le ofrece una bandeja con chocolate humeante y pasteles. Rose niega y sigue llorando. Cuando no le quedan lágrimas, se sienta en la cama pensativa. “Estoy sola” piensa “Bueno, al menos me queda mi abuelo”

Con ese pensamiento se levanta y va al despacho. Llama.

-Adelante.-dice una voz neutra.

-¿Abuelo?.-la niña se seca las lágrimas al entrar. Se acerca al presidente y le abraza.-¿Por que ha muerto? ¿Por que me ha abandonado?

-En algún momento, todos deben de morir.-dice el dictador sin cambiar el tono de voz.-Tu madre murió en un accidente. Eso no se puede evitar Rose...-sigue ojeando los papeles. La niña se separa y asiente.

-Menos mal que te tengo aquí...-dice.-A ella no la olvidaré nunca.-mira al suelo. Snow sonríe de lado y llama a un agente que le pone cloroformo en la boca. La pequeña cae al suelo dormida.

-Eso ya lo veremos Rose. No quiero que recuerdes a unos padres que traicionaron Panem.-ríe.-Llevadla a la sala e inyectarle el veneno. Quiero que borréis únicamente sus recuerdos. Como os paséis, os lanzo a los mutos.-dice autoritario. Los agentes asienten asustados y se llevan a la pequeña a volandas.

ADOLESCENCIA DE ROSE:

-No quiero ir a esas estúpidas clases.-la chica se esconde bajo la mantas.

-Vamos, sabes que tienes que ir a las clases de protocolo todos los días señorita Snow. Son órdenes de tu abuelo.-dice una mujer. La joven resopla y se levanta refunfuñando.-Recuerda que hoy hacéis una prueba. Si la pasáis, vuestro abuelo os deja ir a la fiesta que hay esta noche...

-Es verdad...-se mete en el baño y se viste.-No puedo perdérmela, es el día de la cosecha. ¿Quien saldrá elegido?.-pregunta mientras se peina.

-No lo se querida...-dice la mujer triste.-A tu madre no le gustaba los Juegos.-susurra.

-¿Quien?.-dice Rose desde el espejo.

-Nadie, señorita Snow. Apúrese que llega tarde.

…........................

-¡¿Cómo?!.-dice Rose enfadada.

-No ha superado la prueba, señorita Snow.-dice una mujer mayor.-Mascar chicle mientras habla. Está prohibido en el protocolo.

-A la mierda el protocolo.-dice enfadada.-Por culpa de esto no podré salir esta noche.-se va pegando un portazo. Pasea por los pasillos con los puños cerrados. Llega al despacho de su abuelo y entra sin llamar.

-¿Por qué tengo que dar esa mierda de protocolo?

-Has suspendido la prueba ¿verdad?.-dice Snow mirando los papeles.-Pues ya sabes lo que conlleva eso señorita. Esta noche a la cama a las 9.

-No es justo.-se cruza de brazos.-Estoy cansada de todo esto, quiero salir y conocer gente...

-Lo harás cuando te comportes como la futura presidenta de Panem.-la mira por un momento.-Y ahora si me disculpas... Estoy ocupado.

-Pero...

-Sin rechistar niña.-dice serio. Rose se inclina un poco y sale de allí. Se le ha ocurrido una idea...

Esa misma noche

Atraviesa el camino de sauces hasta la verja. Cerrada. Empieza a escalar y salta al otro lado. Se asegura de que no hay guardias y sale de la Residencia.

Camina por las calles buscando el centro del Capitolio. Allí hay varia gente congregada.

-¡Rose!.-la llaman

-¡Sara!.-se acerca al grupo de chicas que hay junto a un bar.-Al final he podido venir.-sonrío.
-Me alegro muchísimo.-dice su amiga. Se da cuenta de que las demás cuchillean.-Ven, vamos a tomar algo. ¿que quieres?

-Me apetece un refresco.-dice inocentemente. El grupo se le queda mirando con malicia.

-Pues un refresco.-dice su amiga. Va a la barra y pide. Cuando vuelve, la joven da un sorbo. Sabe algo raro. Le resta importancia y van a la pista de baile. Allí se suelta y deja que la música fluya en ella.

-Hola...-dice una voz a sus espaldas. Se gira y ve a un chico alto, moreno y ojos verdes.-Me llamo Jhon. ¿Y tu?

-Ro..Rose..-dice nerviosa.-Encantada.-sonríe.

-¿Quieres bailar?.-le tiende la mano.

-Claro, claro.-susurra.-Eh.. espera, que voy a por otro..-señala el vaso vacío. Va a la barra y pide otro refresco. Vuelve a donde está Jhon y empieza a bailar con él. Nota un siento rubor en las mejillas y está mas... ¿alegre?. Bebe de la copa.

De repente, nota que el chaval se acerca a su cuello y lo besa. Un escalofrío atraviesa su espalda y sigue bailando. La coge de la cintura y la atrae hacia él.

-Eres muy guapa Rose.-susurra. Asiente algo asustada.

-Gracias...-sonríe.-Tu tampoco estás.. mal-intenta separarme un poco pero la aprieta mas junto a él.-Yo... esto... debería de volver con mis amigas.-las busca por el local pero no están.

-Puedo acompañarte a casa si quieres...-le dice con una sonrisa.

-No, gracias, me se el camino sola.-Se remueve pero cada vez la sujeta mas fuerte. Todo le da vueltas.

De repente la lleva junto a una pared del local y la besa con lascivia. Ella se sorprende e intenta apartarlo

-No por favor...-dice.

-Vamos... sólo será esta noche...-susurra el chico en su oido. Rose se asusta aún más y le vacía el contenido de la copa en la cabeza. El joven se aparta.

-Pero que coño...

-Lo siento, pero no soy una mas de tu lista.-dice enfadada. Le pega un bofetón y sale del local.
Camina por las calles solitarias del Capitolio casi corriendo. Llega a la verja de la Residencia y la salta. Entra a su habitación por la ventana y se acurruca entre las sábanas. El corazón late a mil por hora.

-Nunca mas...-susurra antes de quedarse dormida.

PRESENTE DE ROSE:

-Abuelo, ¿puedo preguntarte una cosa?

-Adelante

-¿Puedo... puedo participar yo en estos Juegos?-trago saliva.- Pienso que... no me parece justo que los niños de los distritos mueran de esa forma tan cruel mientras que los del Capitolio miran.

-Rose, la respuesta es no. Sabes qué pasó en los Días Oscuros... y en la Segunda Guerra. Ellos se rebelaron contra mi. Yo los perdono, pero la libertad tiene siempre un precio.

-Entiendo...-digo mirando al suelo.- Bueno, me tengo que ir ya abuelo. Nos vemos para la cena.

-Adiós Rose.

Salgo del despacho y voy al jardín. Me gusta pasear entre los sauces que decoran la orilla del camino principal. Me subo a mi preferido y miro a la ciudad. Todo el mundo charla animadamente comentando los próximos Juegos, beben y ríen despreocupadamente... como si nada hubiera pasado... como si la Segunda Guerra no hubiera ocurrido nunca.

Suspiro. Si hubiera una forma de sacarlos de la Arena. En el laboratorio tengo varias armas y venenos para que los usen los tributos. También provisiones y agua. Si mueren, que no sean deshidratados o hambrientos.

Observo los voluminosos trajes de la gente. Son personas sin personalidad, vacías por dentro. Lo único que quieren es consumir y quedar bien en la sociedad. Parecen marionetas de plástico, manejadas por mi abuelo. Suspiro de nuevo y apoyo la cabeza en el tronco.

En mis veinte años de vida, sólo he conocido el lujo y la comodidad. Pero todo eso me aprisiona. Es como si estuviera en una jaula de oro. No quiero seguir así. Deseo ser libre, actuar como las personas normales, y no me refiero a las del Capitolio.

Todos los días, el sentimiento de impotencia es fuerte. En mis escapadas al bosque que se encuentra en los distritos, veo a toda esa gente muriendo de hambre, cuando en el Capitolio hay recursos para abastecer por duplicado a todos ellos. Si hubiera una forma de poder llevarles una hogaza de pan o medicinas... Pero mi abuelo lo tiene prohibido con pena de muerte. Mientras él se asfixia con el poder y la riqueza, su pueblo muere de hambre poco a poco...

Veo el atarceder tras las montañas que rodean la ciudad. Bajo del sauce y camino con las manos en los bolsillos a la Residencia. Un avox se aproxima a mi y me entrega una nota.

“Te quiero en el despacho para un asunto urgente. C.Snow”

-Gracias.- le digo a la avox. Hace una reverencia temblando un poco y se marcha. En sus ojos puedo ver el miedo que tiene hacia mi abuelo. Todos son iguales...

Llego al despacho por segunda vez. Mi abuelo me espera en una mesa con varios manjares.

-Vamos a cenar Rose.-dice invitándome a sentar.

-Pero... Si son las ocho abuelo...-replico.

-Yo tengo hambre.-dice borde.-Si no quieres cenar, te vas a dormir sin probar bocado.

Me encojo de hombros y me siento delante suya. Sonríe triunfal y se coloca mejor la rosa que tiene en el dobladillo de la chaqueta. Odio esas rosas. Tienen un olor dulzón que hace que se me revuelva el estómago. Me fijo en que la mesa también hay unas cuantas de distintos colores.

-Vamos a ver que hay hoy en la televisión.-dice mi abuelo sonriente. Me huelo a que algo va a pasar. No suele estar así de contento cuando estamos juntos.

Las dudas se me disipan al ver la pantalla. Hoy van a elegir a los tributos de los 76 Juegos del Hambre.

-------------------------

Vuelvo a mi habitación con el estómago cerrado. Al parecer, mi abuelo ha cambiado las normas sobre cómo elegir a los tributos. Ya no se hacen por sorteo sino por votación del pueblo... para que sufran mas...
En mi mente repaso las distintas caras de los tributos. Algunos ya han participado en otros Juegos. Otros son nuevos. Los amantes trágicos del distrito 12 participan junto a su hija. Cuando lo anunciaron, mi abuelo asintió sonriendo ampliamente. Yo tenía el corazón helado al ver que él volvía a participar en los Juegos...

Cuando vi la cosecha donde los eligieron como tributos, admiré su valor y confianza e intenté ayudarles como podía. Cuando eligieron al chico, Peeta, algo nuevo floreció en mi y fue aumentando a medida que los Juegos discurrían. ¿Me había enamorado? Posiblemente. Me llevé una pequeña decepción al enterarme que estaba con Katniss sin aparentar ante las cámaras. Dese aquel día, cerré mi corazón bajo llave y nadie mas entraría de esa forma en él.

Como me esperaba, Katniss y Peeta ganaron, desafiando al Capitolio y a mi abuelo. Eso le enfureció. Recuerdo estar en mi habitación y escuchar golpes y gritos por parte de éste en la Residencia. No pude evitar sonreír satisfactoriamente y estar de buen humor.

Ahora vuelven de nuevo, sin antes pasar por el Vasallaje de los Veinticinco. Las cosas cambiaron mucho desde entonces... Se endurecieron las reglas de los Juegos y cualquier persona que presentara cualquier detalle mínimo de rebeldía era condenada a la horca.

Me acuesto en la cama con todos esos pensamientos. La imagen del chico del 12 saliendo de nuevo no desaparece de mi mente. Me entrego poco a poco a los brazos de Morfeo, acompañada de pesadillas.

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